LA COPA ROSA 

La menstruación sigue siendo un estigma cultural en África. Durante el período, a las mujeres les está prohibido cocinar y, en algunos lugares, las niñas no pueden ir a la escuela en esos días.

 

Muchas niñas en Chad ocultan la menstruación, sin mencionarlo a sus madres o hermanas. Se trata de un tema tabú en las familias. La sexualidad en general es un tema incómodo que genera que las mujeres tengan un desconocimiento total de su propia anatomía.

 

Por otro lado, la mayoría de las mujeres no tienen acceso a productos sanitarios. Las compresas son un objeto de lujo que no se pueden permitir comprar. Sustituyen las compresas por trapos o incluso hojas de árboles o hierbas secas en las zonas rurales más pobres, para lidiar con su período.

 

Las condiciones higiénicas son escasas y la falta de lugares apropiados para sustituir una compresa o la falta de agua en las letrinas convierte la menstruación en un calvario.

 

La Fundación ha llevado a cabo un programa de información sobre la menstruación en Chad para el que han contado con el apoyo de una ginecóloga española y de la empresa Enna.

 

El proyecto se ha centrado en las ventajas de la copa menstrual para paliar esta situación. La copa menstrual dura diez años y es una solución para las condiciones higiénicas del país.

 

La doctora ha realizado reuniones informativas con estudiantes, en asociaciones de mujeres, con jefes de clínicas y hospitales y en reuniones privadas con ciudadanos influyentes.

 

En las clases se ha mostrado el uso de la copa menstrual, se ha explicado a las niñas los cambios que conlleva en su cuerpo la pubertad. Se han negado los tabúes sobre la virginidad con el uso de estos dispositivos y han aclarado las dudas sobre la menstruación y la anatomía femenina en mujeres que nunca antes habían visto un tampón o una copa menestral.

 

Durante la primera edición de este  proyecto se han distribuido 300 copas menstruales con el objetivo de implantar su uso entre los más desfavorecidos. .

Trailer del documental La Copa Rosa 

Testimonio

Me llamo Constance Madyom, soy del Tchad, y actualmente vivo en Barcelona.
Cuando vivía en África, no me gustaba nada cuando me venía la menstruación, por como lo vivía, era complicado para mí, y para cualquier mujer o chica. Allí, la menstruación la pasamos con los recursos que tenemos, y como nos han enseñado nuestras madres y abuelas de generación en generación. Pues es sencillo, como no existen compresas ni tampones, usamos un trocito de tela, que doblamos en varias capas para que absorba bien el líquido, y si nos mancha, cosa que veces pasa, la lavamos bien, aunque siempre la lavamos después del uso para reutilizarla una y otra vez. Llega un momento que tenemos que tirar la tela, porque se vuelve un poco rígida y ya no absorbe bien.

Sobre el terreno

Conocí el Chad de forma casual. Tras una conversación con Ramon, Sylvia y el padre Camille donde me contaban entusiasmados su experiencia en el Chad, hizo que creciera en mi la necesidad de desarrollar un proyecto para intentar ayudar a esas niñas chadianas, y así fue. Decidí elaborar un proyecto con el fin de enseñarles a conocer su cuerpo, sus cambios durante la pubertad y que entendieran que esos cambios no son fortuitos, y que debían aceptarlos como normales, y eso mismo con la menstruaci’on, un tema vetado en Chad y traumático por la dificultad para encontrar productos sanitarios como compresas. Gracias a la colaboración de Enna, conseguí llevar a Chad 300 copas menstruales y enseñe a las niñas cómo usarlas. La experiencia en el colegio San Francisco Javier de Toukra fue maravillosa, nadie, ni siquiera yo misma esperaba esa acogida. Las niñas esperaban ansiosas mis clases, permanecían atentas a las mismas y preguntaban sin tapujos todas aquellas dudas que tenían y q probablemente no se atrevían a preguntar, y las clases increíblemente se quedaban cortas, de modos que cuando acababan, corrían a mí para seguir preguntándome cosas.

Laura de Mingo. Ginecóloga y coordinadora de los proyectos clínicos de la FRG en Chad

Ayudales a conseguirlo

© Fundación Ramón Grosso 2020      

Ayudales a conseguirlo